Estuve muy triste la semana pasada. Creo que hoy puedo decir que hacía muchísimo que no me sentía tan mal. Y me refiero a cuando tenes los labios hinchados, la cara deformada de tanto llorar, los ojos que te arden y rojos y que sentís una cosa horrible en el pecho y garganta. No es dolor, es algo indescriptible como una mano que te aprieta algo adentro y no te deja respirar bien, no se.
Creo que la última vez que me sentí así fue hace un año y pico, cuando hice un click un día y empecé a ir a la psicóloga. En ese momento, un día, me vi desde afuera y me vi pésima. Eso me incentivó a hacer algo por mi y empezar a analizarme.
Me cuesta mucho tratar de sacar algo positivo de todos estos días, pero en realidad algo se me ocurre. Y tiene que ver con la gente. Muchas personas que me rodean, sólo piensan en ellas mismas, no escuchan, no les importa si el otro está mal o contento o triste, o lo que sea. Están muy ocupados por contar sus cosas, por hablar de ellos mismos. Está bueno darse cuenta de eso, no para cambiarlos, pero sí para tomar las cosas (con aquellas personas) de otra manera. Y no preocuparme de más, ni sentirme mal por ciertas cosas que no hago por ejemplo.
También me di cuenta que muchas (otras) personas se acercaron con pequeños gestos que en el momento valoré muchísimo. No hace falta gastar plata, decir frases hechas, dar abrazos por obligación o ser falso, sino un pequeño gesto, de esos que salen de verdad, que surja del otro, y no por obligación o para sacarse algo de encima y quedar bien, sino porque lo siente de verdad. Y eso valoro. Es tan simple y tan difícil a la vez.
También me di cuenta que muchas (otras) personas se acercaron con pequeños gestos que en el momento valoré muchísimo. No hace falta gastar plata, decir frases hechas, dar abrazos por obligación o ser falso, sino un pequeño gesto, de esos que salen de verdad, que surja del otro, y no por obligación o para sacarse algo de encima y quedar bien, sino porque lo siente de verdad. Y eso valoro. Es tan simple y tan difícil a la vez.